El escepticismo hace presencia en la historia del pensamiento como antÃtesis al dogmatismo imperante desde los orÃgenes de aquél, génesis representada por los milesios: Tales, Anaximandro, AnaxÃmenes... hasta la gran huella dejada por Platón y Aristóteles principalmente.
A esta nueva visión sobre planteamientos y problemas muchos de ellos inamovibles e incuestionados hasta entonces contribuyó Pirrón de Elis, contemporáneo de Epicuro (epicureismo) y de Zenón (estoicismo). Este pintor y gran viajero, hijo de Plistarco decÃa que "en verdad no hay nada bueno ni vergonzoso, justo o injusto, e igualmente que nada es en verdad, sino que los hombres se comportan en todo según la ley y la costumbre; pues ninguna cosa es emás esto que aquello" . Su vida, rica de experiencias y llena de vivencias, le condujo a una actitud vital escéptica. El escéptico desea purgar la vida de todo compromiso cogniscitivo y toda creencia y con intencionalidad práctica: liberarse de la inquietud. La innovación de Pirrón está en sugerir que el escepticismo pueda sentar la base de una teorÃa moral. Dimensión no conocida hasta entonces, pues el escepticismo se planteaba como una opción dentro del terreno epistemológico, nada que ver con las acciones humanas.
El escéptico, al igual que el estoico o el epicureo, aspira a la serenidad y a la calma del espÃritu, a vivir una vida tranquila y sin sobresaltos y para ello recurre a la epochê o suspensión de juicio, como paso previo a la ataraxia. Pero lo importante es que el escéptico suspenda el juicio efectivamente y no se limite a defender una teorÃa sobre la suspensión del juicio, pues estarÃa cayendo irremediablemente en aquello que trata de evitar: el dogmatismo. La suspensión del juicio no se toma por la imposibilidad de alcanzar conocimiento o incognoscibilidad que defendÃan los cirenaicos y los Académicos, el escéptico nunca dirá que todo es incognoscible, por contra mantendrá sus dudas de que pudiera ser también que algo fuera cognoscible.
Entendida de esa manera el escepticismo más que una teorÃa o conjunto de teorÃas, es una actitud vital. De hecho el propio Pirrón no dejó nada escrito y esceptuando a lo recogido por su discÃpulo Timón de Flainte, la tradición hace más referencia a su vida y a sus gestos que a sus planteamientos filosóficos. Por otra parte, se puede entender el escepticismo como una habilidad o capacidad para encontrar que a cualquier argumento puede oponerse otro de igual peso y fuerza para asà adquirir la serenidad del espÃritu, asà el propio Timón de Flainte, llevó el escepticismo a su conclusión lógica al afirmar que se pueden dar razones tan buenas a favor como en contra de cualquier proposición filosófica, a él se le debe el más exacto resumen del pensamiento de Pirrón sobre la indeterrminación de la realidad, en el fragmento que se conoce como "fragmento de Timón". Según éste, Pirrón afirmaba que las cosas eran igualmente indeterminadas, sin estabilidad e indiscernibles y por esa razón ni nuestras sensaciones ni nuestras opiniones son verdaderas o falsas, por lo que no debemos obcecarnos en ellas, asà quienes se encuentren en esta disposición podrán llegar a la anhelada ataraxia.
De acuerdo con el pirrónico, el dogmático no queda satisfecho diciendo cómo se le aparecen las cosas, sino que afirma cómo son las cosas en realidad y eventualmente también desea probarlo. El escéptico pirrónico se limita a afirmar cómo se le aparecen las cosas a él y una vez hecha la distinción añade que este argumento solo expresa cómo se le aparecen a él las cosas, no cómo son en realidad.Â
Si los dogmáticos distinguen entre signos evocativos e indicativos, los escépticos se oponen a los signos indicativos, que son aquellos signos que pese a no haber sido observados explÃcitamente junto con lo significado, cosa que sà ocurre en los signos evocativos, denotan sin embargo aquello de lo que es signo. Un signo indicativo serÃan determinados movimientos corporales, que pueden ser signos indicativos del alma, por contra un signo evocativo serÃa el humo respecto al fuego. El signo evocativo está avalado por la vida.
En conclusión, el escepticismo más que una teorÃa positiva dentro de la filosofÃa es un eficaz antÃdoto frente a la tentación del pensamiento único, sin duda una buena medicina aplicable a cualquier mente inquieta que quiera ver más allá de lo que le muestran, pues todo es cuestionable. El escéptico por ser un amante de la humanidad, quiere curar en lo posible la arrogancia y el atrevimiento de los dogmáticos.
BibliografÃa: Historia de la filosofÃa antigua. Grecia y el helenismo. Salvador Mas Torres
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