El respeto nunca es unidireccional, debe asentarse sobre unas bases y valores muy sólidos, pero cumplido este requisito ineludible puede sobrevolar los extremos opuestos de una cuerda y en ambos casos será igualmente válido. El respeto hacia una bandera, hacia un país es ilusorio si ese respeto no fija su atención en las personas que les ha tocado vivir junto a sus compatriotas en ese país, y se ven o no representados por esa bandera, pero no obstante ni ese país, ni esa bandera pueden representar ningún ADN humano, eso sería una aberración. Además es materialmente imposible hacer girar cualquier ideología en torno a unas señas identitarias ya sea en nombre del patriotismo, nacionalismo periférico o central de cualquier iluminado, pues cada persona es un mundo que puede vivir en el mismo país del mundo y de la persona de al lado, con lo cual si no hay más donde rascar lo que queda es un vacío por llenar. Pero no quiero hablar de respeto al menos directamente, aunque sí que creo que lo que quiero expresar se podría resumir simplemente en esa palabra, eso sí llevado a sus últimas consecuencias, quizás escondido tras los montones de una legislación amarillenta u olvidado en una utopía más.
Si nos atenemos a este país, España, creo que esto mayoritariamente no se tiene muy claro aún. Un ejemplo, cuando hay un éxito a nivel mundial de un equipo deportivo representativo del país, está claro que unos se alegrarán como los que más, otros muchísimo, otros algo pero no tanto y otros absolutamente nada, pero la legitimidad de todas esas actitudes está fuera de cualquier duda por lo menos para algunos, hay quien no lo entiende y salen con el "anti" por delante, anti - español, anti - catalán, anti - vasco... luego encima, lo de siempre, a montar debates en la TV en torno a quien es "anti" o quien es "pro" a un país, éxito de audiencia garantizado.
Quizás la idiosincracia de este país es la que es, nada que ver con la de Francia por poner un ejemplo cercano,pero el absurdo es el mismo aquí que en Nueva Zelanda o que en cualquier otro lugar, porque los sentimientos no se imponen nunca, estos son espontáneos, se dan o no se dan y quien no lo entienda quizás debería empezar por hacer una autoreflexión para medir su grado de tolerancia.
La gran película de Adolfo Aristarain: "Martin (Hache)" que se distingue por tener unos diálogos maravillosos, da con la clave, en una conversación entre padre, el genial Fedrico Luppi e hijo, Juan Diego Botto, el primero le cuenta sus sensaciones tras estar vivendo lejos de su Argentina natal y estar finalmente establecido en Madrid:
"Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras... El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país es un tarado mental. La patria es un invento. ¿Qué tengo yo que ver con un tucumano o un salteño? Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués. Son estadísticas, números sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente, tu país son tus amigos y eso sí se extraña...Nacer en un lugar es nada más que un accidente geográfico, sin valor alguno, aunque después te eduquen para que te sientas orgulloso y te creas que es tuyo y que es el mejor lugar del mundo. Eso es política: puro verso."
Volviendo al respeto. En este tema como en todos, decir que aquello que no coarte a la persona, no restrinja a la persona, no estigmatice a la persona, no señale a la persona, no dogmatice a la persona, no moralice a la persona o se le intente llevar su discurso al terreno extraño de la ética cuando precisamente por estar presente el respeto, no hay nada que medir a través de la gran disciplina filosófica del comportamiento humano, siempre tendrá cabida, provenga de donde provenga, hasta si proviene de un apátrida de corazón que no tiene más patria que el mundo y que se afana por entenderse con las personas, con sus culturas, sean de la nacionalidad que sean y con más o menos éxito, pero que poco sabe de países, solo lo que pone en los atlas de geografía y poquito más y que de poco sirve, pues las fronteras cambian acomodándose al caprichoso ritmo de la historia, historia tantas veces esculpida al margen del género humano.
Salud y Alegría


Escribe un comentario