Se cumplió el pasado mes de octubre, el centenario del fusilamiento de Ferrer i Guàrdia, su delito, ser un librepensador que tuvo la osadía de querer formar a librepensadores. La Escuela Moderna es su legado, inspirada en los principios del también pedagogo anarquista Paul Robin, va a suponer todo un acontecimiento en un país atrasado, donde el triunvirato monarquía, ejército e iglesia va a echar el resto para contrarestar lo que suponía toda una amenaza para las generaciones futuras. Va a ser ejecutado en el castillo de Montjuich, como cabeza de turco de lo acontecido en la semana trágica de Barcelona, sin pruebas que atestiguasen su responsabilidad incriminatoria y sin las garantías jurídicas mínimas, ni siquiera para aquella época. Tuvo gran relevancia su trayectoria vital y pedagógica en Europa y en concreto en Bélgica donde vivió una época y en el que un monumento en Bruselas recuerda a personaje y obra, precisamente su ejecución tuvo un gran revuelo en el continente, esto era lo que se publicaba en The Times: «Por negligencia o estupidez, el gobierno ha confundido la libertad de instrucción y conciencia, el derecho innato a razonar y expresar su pensamiento, con el derecho de oposición, asimilándolo a una agitación criminal» Quizás sea hora de revisar la figura de este librepensador asesinado legalmente por la sinrazón y el fanatismo, pues en la actualidad sigue vigente su espíritu y su obra, en un país en el que se discute el modelo educativo y en donde multitud de voces de diversas ideologías, claman por una vuelta al pasado como solución a la degradación escolar en donde la figura del maestro pierde autoridad. Ferrer ni se lo hubiera planteado, la autoridad nunca entraba en sus aulas, la razón y la autodisciplina hacían el resto. Solo queda pues, decir lo que dijo Ferrer antes de ser ejecutado ¡Viva la Escuela Moderna!

Enlaces de interés:

Documental: Francesc Ferrer i Guàrdia, una vida per la llibertat

Fundación Francisco Ferrer Guardia