Hay otro

más etéreo

para hacerse agua y brotar,

más huidizo para hacerse viento primigenio.

Detrás de cada suspiro hay una historia aún no contada,

el designio de los hombres es una senda por recorrer.

El temprano sol de la mañana entrando por tu ventana,

un chaparrón y una sonrisa dibujada.

Hay tantos mundos como estrellas,

frías, calientes, solitarias o en constelación,

meteoros del alma que se cobijan en un encuentro.

El tiempo se posa en ramas y musgo, es lo recóndito que nunca perece.

Ellos y ellas,

hay otros,

soles y lunas recreándose,

jugando a ser,

bailando al son que idea un destino incierto,

en la línea que tremula como acróbata feliz dejado de la mano del olvido,

expuesto a los golpes placenteros de la vida,

que se mezcla y se transforma en más vida,

más allá de calendarios y rutina.

Hay otros que oxigenan,

y hay otros que creen hacerlo,

siempre fue así,

en la palabra está la salvación y el hastío,

en la acción el acierto y el error,

si es que hay diferencia.

Hay otro

porque hay yo.