La literatura y el cine se entrelazan en un ejercicio mágico en esta película argentina de Eliseo Subiela que cuenta las andanzas sentimentales y vitales de Oliverio (Darío Grandinetti), un poeta bohemio en la ciudad de Buenos Aires que vende sus poemas para de vez en cuando, poder comerse un asado con sus dos colegas, un escultor de obras eróticas y un emigrado voluntario estadounidense. A Oliverio solo le gustan las mujeres que saben "volar".

Me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo conmigo!

Sin embargo algo mutará en él cuando conoce a Ana (Sandra Ballesteros), una prostituta uruguaya que le hace cruzar el río de la plata en busca de sus servicios, de su perdición y de su sanación. En el transcurso de la película hay metáforas poéticas y visuales, así por ejemplo, la muerte (Nacha Guevara) se le aparece a Oliverio como contraposición a la vida que lleva, le busca trabajo, le dice que cuando va a cambiar, quiere imponer su orden en ese hermoso caos, él se rebela ante ella continuamente como contrapunto vital. Poco a poco el espectador va percibiendo el dibujo de un lienzo a veces surrealista, donde el humor juega también un papel importante, a pesar de ser una obra densa y con mucho transfondo. Oliverio dirigiéndose a la muerte:"Te veo más gorda, esto aunque no lo parezca es un chiste político". Los poemas, que están brillantemente integrados en el contexto de la película y que nunca están de más, son obra de Mario Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo. Hay una segunda parte que es muy inferior a la primera, y que muchas veces se convierte en una mera reincidencia que va perdiendo fuerza, a pesar de introducir otro recurso metafórico a mi entender brillante, "el tiempo", personificado en un motorista que nunca se quita el casco. En definitiva una hermosísima película, sobre la vida, el amor y la libertad y por qué no decirlo, un pequeño homenaje a la poesía. "En general un tipo al que le guste la poesía no debe de ser un mal tipo".

FICHA TÉCNICA