Basada en la novela "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick, Blade Runner se ha convertido con el pasar del tiempo, ya va para veintisiete años desde su estreno (1982) en una obra de culto, y es que ni siquiera las molestas revisiones a la obra original (hay siete versiones diferentes) han atenuado el encanto que la película destila en sus casi dos horas de metraje. Pocas son las ocasiones en que una película de ciencia ficción ha logrado reunir tantas "preguntas" en relación a temas en donde la filosofía campa a sus anchas. El rol de poli bueno Rick Deckard (Harrison Ford) tras el malo o replicante llega a confundirse, y acabamos sin saber bien si realmente el malo lo es tanto y a la inversa con el bueno "No nos avisan contra los asesinos en el periódico, esa era mi profesión, ex policía, ex blade runner, ex asesino..." En una humanidad deshumanizada donde la tierra se ha convertido en un "valle de lágrimas" y donde quien se lo puede permitir emigra "Una nueva vida les espera en las colonias del mundo exterior...", los replicantes son creados a semejanza del humano, aún con más fuerza e inteligencia que ellos y solo cuando aquellos se rebelan se dan cuenta estos de que su peligro va más allá del objetivo con el que fueron creados, servir al hombre, otra vez se pone en entredicho los avances en ingeniería genética y sus posibles fatales consecuencias. Pero hay un factor clave en la trama de la película, los replicantes por motivos de seguridad solo pueden vivir cuatro años, además se sabe que con el pasar del tiempo son capaces de sentir y padecer como cualquier humano, se les crea unos recuerdos artificiales, bien a través de experiencias ajenas y hasta de falsas fotografías "Si les obsequiamos con un pasado creamos un apoyo para sus emociones y consecuentemente podemos controlarlos mejor...". Por tanto ese insitinto primigenio de conservación está en ellos dotándolos de "humanidad", de un afán por ser como sus creadores, como sus tiranos "El comercio es nuestro objetivo aquí en la Tyrell y nuestro lema: Más humano que los humanos. Rachael es un experimento nada más..." En medio de esta cacería de replicantes, en este mundo oscuro y hostil hay también tiempo para el amor y así la relación entre Deckard y Rachael (Sean Young) enriquece aún más la película, a pesar de la certeza de que ella también es replicante y que por tanto en el trabajo del blade runner está eliminarla. La película que no deja nunca respiro, a pesar de no abusar de las escenas de acción, abuso tristemente común en el género y que aquí constituye una acertada excepción a la regla, tiene su apogeo en la última de ellas "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser, todos esos momentos se perderán en la oscuridad como lágrimas en la lluvia, es hora de morir..." No puedo dejar de mencionar la magistral Banda Sonora de Vangelis que junto a una fotografía y recursos técnicos y visuales soberbios acentúan aún más si cabe lo que ya ha pasado a ser la obra más imperecedera de Ridley Scott.




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