El rastro axfisiante que sacude de infinito mi pequeño y seguro universo, me llega y me perturba, me alcanza provocador, lleno de indecente encanto y me muestra una vez más anclado en su deriva. Es un extraño sortilegio aliado con lo que ha habitado este mundo antes de que la brizna de hierba fuera pisada, en la luz más incesante y en las sombras más profundas de lo salvaje. Las primeras lluvias me traen de nuevo tu olor, tu esperanzador pálpito pleno de humedad, renaciendo de ese letargo farragoso que me sumergió en un sueño forzado, en un desvelo irritante, de nuevo en extravío, reconociendo otra vez ese anhelo que me condena y me hace sentir vivo entre tanto muerto viviente. Ójala el dolor esta vez sea tan provechoso como lo ha sido volver a encontrar tu rostro invocado en esas noches sin luna, embriagado de ti.