…Enterrad la historia bajo las ruinas de la desmemoria, bajo un manto de silencio y otro de revisionismo. Sepultad la memoria en la fosa común del olvido, donde no alcance la luz ni el recuerdo de los vivos. Enterrad a los muertos y también enterrad a los vivos... Habeas Corpus

Ignoro si aquel día llovió, hizo un día espléndido de sol mediterráneo o si el cielo estaba nublado y gris, anunciando lo que se venía encima, lo que sí que sé, es que aquel maldito día ha pasado a ser posiblemente, el día más triste de la historia de Alicante. Imagino a la gente caminando hacia el mercado central, ignorante de todo, con un único anhelo de supervivencia, en busca de la fruta de la huerta, ajenos a políticos y golpistas, a redentores, salva-patrias y burócratas del gobierno, a cuervos con sotana, en definitiva a la política con mayúsculas y como no, ajenos a la guerra hija de puta, que es cosa de cuatro, pero que la sufren todos, escoria de los tiempos. Eran tiempos difíciles, de transistor en mano, de prensa y panfletos, de miedo y refugios, de “No Pasarán” y de mal organizarse para defender la ciudad, de agitación constante por las noticias que se sucedían del resto del país. En Guernica fue un lunes de feria, también de primavera, solo que un año antes, amarga paradoja la que ensucia primaveras y las convierte en un amasijo de hierros, metralla y muerte. En Alicante las “prácticas” de la aviación italiana fascista se concentraron en el mercado, en pleno centro de la ciudad, un día que entró mucha fruta de la Vega Baja, hay que aprovechar las multitudes, la confusión y el caos, las carreras y el pánico hicieron el resto. Trescientos noventa y tres* muertos y gran cantidad de heridos fue el resultado de un día de mercado que no fue, ni sería como ningún otro día en la memoria de los alicantinos. La memoria, esa esquivadiza que transita entre la dignidad y la justicia, que se le ignora para acallar conciencias o simplemente para que no moleste, la memoria es lo único que nos queda, a ella hay que agarrarse y que se convierta en un grito atronador que acalle para siempre el estallido de las bombas.

Nota: Dato proporcionado por el Archivo de Enrique Cerdán Tato, ex-cronista de la ciudad, que fue recogido por el primer alcalde franquista de la misma.