Ayer vi a un pájaro,
su aleteo me resultó familiar,
su elegancia evocadora,
su vuelo revelador.
Cuando se posó en la rama pude contemplar su belleza,
su calmada existencia,
su fugacidad.
¿Pero qué decir de su canto?
Su canto
es el mío.
Ayer vi a un pájaro
y ya no puedo olvidarlo,
pues aunque ya no lo vea,
aún vuela que vuela



1 comentario
Pues si: ha sido "placentero" leer tu poema, suave, apacible...
Saludos
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