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Siempre, bueno ahora más que antes, me ha interesado, me he preocupado por hallar el alma errante de la calle perdida, de barrios viejos y olvidados, esa alma hecha historia entre piedras ¡ay si las piedras hablaran! y de quien habita estos oasis modernos, seres anacrónicos inextinguibles, huidizos, astutos y pillos, lazarillos sin amo, otros con la botella a la que servir, supervivientes a los días, agradecidos por la luz de la mañana, porqué hoy no llueve o porqué al fin remoja, que falta hacía, paseantes para pasar el rato, hechos de hormigón de acera, dejados de la mano de cualquier dios ideado malévolamente. Curioso caso es, de quien dice haberlo probado y conocido todo y se santigua a la más mínima en una pulcritud recién adquirida, ante tanto descarriado, ahí están si no esos progres reconvertidos a acomodada clase media-alta, cuidadores de sus posesiones y recelosos de todo lo demás, luego también están los que nunca supieron distinguir, esos aún tienen menos remedio. Esa búsqueda nunca suele ni siquiera iniciarse, pues siempre encuentro en cualquier barrio que se precie algún templo hecho bar y es que este país de luces y sombras, tiene una buena muestra de estos productos valleinclanescos, hechos de mentiras que dan de comer, poético desgarro de existencialismo a ras, de convivencia diaria con el filo de la navaja, con el de la vida a fin de cuentas, seres que nos pasan desapercibidos, a no ser que supongan un incordio para esta utilitaria y desarraigada vida de ciudadano moderno que alimentamos.



1 comentario
A fin de cuentas lo importante es pasar la vida de manera plena, dando todo el esfuerzo para uno mismo, que a su vez es dar una sonrisa a lo oscuro que nos rodea y abrazarnos a la idealización de no idealizar. Saludos Andrés, te leo en estos leves intervalos que el tiempo me concede (materialmente hablando jeje)!
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