A veces me planteo el porqué hemos de aceptar cosas que hemos convenido en dar por hechas de antemano desde que tenemos conciencia, sin ni siquiera someterlas a un análisis crítico. Muy pocos somos los que nos planteamos si la estructura socio-política que mamamos desde la tierna infancia es la adecuada, nos educan para aceptarla sin preguntas. “Esto es así, porque así ha sido durante mucho tiempo, pasemos a la siguiente lección...” La educación tanto pública como privada crea ciudadanos serviles con los parámetros de cualquier Estado y las estructuras democráticas-parlamentarias de Occidente se elevan a verdades universales con las que someter al resto del mundo menos avanzado. En ese poso parece residir la autoridad moral, a pesar del fracaso monumental que en este campo supone la instauración en los últimos cincuenta años de la tecnobarbarie, con los EEUU a la cabeza.
La educación pasa por ser la única baza que podemos jugar a favor de un verdadero cambio que humanice las relaciones de las generaciones futuras, pero que el camino está lleno de obstáculos, de eso no cabe duda alguna. Creo en la autogestión como manera de encauzar la vida, ya sea a nivel individual como colectivo, no entiendo de representantes que hablen y decidan por mí y encima lo hagan de manera profesional, es decir viviendo de eso, y muy bien por cierto. La escuela también debe de entrar en esa autogestión, realzando también aquí el modelo asambleario. Siempre he pensado de la escuela pública que si bien es más respirable que la privada, no es suficiente para garantizar la plena autonomía de mujeres y hombres libres, quizás sí para crear respetables ciudadanos que se creen libres a través del filtro del sistema, electores ejemplares condenados en el caso de este país al mal menor de lo que tenemos, visto lo que tuvimos, meras piezas del engranaje que pagan impuestos para que sus hijos tengan una educación supuestamente digna. La educación actual se basa en crear competidores, futuros consumidores impulsivos, el mismo sistema de evaluación así lo atestigua, desde pequeño te inculcan los exámenes como método periódico de evaluar tu rendimiento escolar, el miedo al suspenso lo único que desarrolla es la capacidad memorística para sacar el cuello aunque sea con el cinco “pelao”, no enseñan a razonar, a respetar a los demás y a tu entorno, a compartir, a desarrollar el espíritu crítico, la autoestima, el no sexismo, el gusto por la lectura y por el conocimiento en general. Otro problema que a nadie debe extrañar es la violencia escolar entre alumnos y hasta con el profesor como víctima, la escuela es un reflejo de la sociedad y la violencia campa a sus anchas en este mundo de hoy, la educación no es aislable de ella y menos si emerge desde sus mismos males. El Colectivo Paideia es una experiencia que lleva funcionando veinticinco años en este país, es una muestra de que otro modelo de educación es posible hoy en día, con otros valores, otras metas, otros medios, sin la dependencia de ninguna institución estatal, religiosa o empresarial, hecho por personas, autogestionada por esas mismas personas y en donde todas las decisiones se toman en asamblea (para más información, os dejo el enlace) Quizás sean sólo los primeros ladrillos, pero sin ellos se caería la casa, lo mismo pasa con lo que representa la escuela para una persona, para una sociedad, para una humanidad más justa y con mayores cotas de libertad.