Se abre la tierra en círculos sin centro, más allá de donde se pierde el pulso, bajo la luz de los astros, en oscuras veladas, bajo un cielo de ceniza mojada. Se aspira el sabor vegetal, en ocasiones plácidas de espera, sin cambios, adormecido velo de recreos primigenios que pasean la esencia en jarros sin fondo. Hay una quietud en el aire, una bombilla titilante, blanquecina esperanza, iluminada pose, perenne brillo en mi conciencia. Imagino mundos, es mi hobby, mi obsesión preferida, aditiva costumbre entre humo de flores que nacen muy hondo, allá donde se esconde la raíz de la sapiencia.
Y ella sigue allá, cambiando, mutando formas y figuras en tonos y contrastes, geométrica efeméride para gusto de unos pocos, pobres soñadores, y desgana de muchos “¿Para qué celebrar lo que está tan lejos?” “O cerca, según se mire, según se entienda lo que es más nuestro y menos adquirido”.
Me entretengo en el fruto del árbol, que adelanta su germinar “Es que hoy va todo tan deprisa” “Hoy y siempre” diría alguien con más días que yo “Claro, pero es que nunca te acabas de acostumbrar a los cambios” “Pues ya va siendo hora”.
El molesto ronroneo de motor que no cesa empañando mi romance nocturno, coyunturas de donde hay mucho cemento y poca calma, poco tiempo para escuchar el silencio que nos delata y que me acoge en su regazo, meciéndome entre sus brazos de seda.
Ella ya asoma medio cuerpo, recuperando poco a poco su brío de siempre, su singular belleza, allá está desvistiendo su luto, altanera como siempre, la verdad, la prefiero desnuda, libre de aniversarios, eso es cosa de aquí abajo, donde nos aferramos en dar sentido al paso del tiempo, haciendo círculos en calendarios, celebrando que aún estamos, mejor o peor, pero estamos.
Mi mente se entretiene en toboganes plácidos, degustando ese vacío tan agradable, esa caída libre que cosquillea y que hace tan especial el instante, grado de percepción sin igual, entre el frescor que aún queda en estos jardines desangelados, lleno de ejemplar cuidado.
Gente solitaria, andantes de barrio hacia techos con goteras dirigen sus pasos, pasos indecisos, cabizbajos, firmes, huidizos, pasos inmigrantes, incansables pasos. Operarios de limpieza pública, con exclusivo vehículo, agotan los minutos de servicio. Y todo permanece quieto, congelado en un ocaso sin final, ralentizado en un lamento que se pierde en el olvido. Barrio tímido, temeroso, condenado barrio, barrio de casas bajas, de Sociedad Deportiva sin deporte, el dominó no es un deporte, de litrona en la mano, de pintadas y de graffiti, barrio común, silencioso barrio, barrio humilde, lleno de mierda y dignidad.
Ella está a punto de completar su striptis, de volver a su normalidad para disgusto de aquellos pocos, ella, que me contó aquella historia que protagonizaba, ella, que altera a los que la invocan, eso dicen, perla de plata, en la noche en que el tiempo tiñó tu estampa de sangre, cuando cambiaste tu piel ¡Qué gozada verte desnuda otra vez durante veintidós años más! Hasta que estrenes otro vestido, nunca te gustó estrenar, ni siquiera en los domingos, ni que te hicieran sombra.

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La noche que vistieron a la luna (sin pedirle permiso)
Andrés 5, mar , 2 comentarios
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2 comentarios
Hi. Te he dejado una tarea en mi blog...
Que bonito, yo estuve haciendole fotos y mira por dónde, no se dejó fotografiar con mi humilde cámara cuando estaba vestida de rojo, pero si cuándo brillaba espléndida.
Puedo añadirte a los blogs amios, pr tenerte mas amano para leerte, si no te molesta y me das permiso.
Un abrazo
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