
Dicen en el pueblo que anda como loco, persiguiendo un rastro, un recuerdo, una sombra entre la espesura del bosque y que sólo a veces se deja ver, huidizo y esquivo ante cualquier gesto de acercamiento. Me interesé y pregunté a los lugareños, estaba claro que debía de haber una historia ante ese extraño comportamiento:
Vivía en lo alto del monte con un anciano ermitaño, una vez al mes aproximadamente solían bajar al pueblo, se los veía pasar sin más y se perdían de nuevo entre la arboleda. Aparecían y desaparecían cual espectros, siempre los vieron juntos, sin duda se hacían compañía en la soledad de las alturas. Una noche encontraron al anciano sin vida a orillas del río, su amigo los puso en alerta, pero cuando llegaron ya nada pudieron hacer. Unos familiares que vivían en la ciudad reclamaron el cuerpo y allí le dieron sepultura. Desde entonces una vez al mes aproximadamente, ven pasear su famélica figura entre ladridos desesperados, olfateándolo todo, sin rumbo ni guía, esperando quizás encontrarlo a orillas del río.
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Los caminantes
Andrés 25, may , 1 comentario
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1 comentario
Muy bonito, está claro que nuestros mejores amigos son ellos, nunca nos abandonan, ¿cómo habrá gente capaz de hacerles daño?
En fin, preciosa historia que sólo es capaz de protagonizar un perro.
Me acuerdo de aquella historia cierta, en el hospital G. Marañón de Madrid, en la que un anciano llegó a urgencias con su perro, él quedó ingresado mientras el animal se quedó fuera. A los pocos días, el hombre falleció. Seis meses después el perro seguía en la puerta esperando a su amo, sobrevivió gracias a los cuidados del personal del hospital que lo alimentaban. Hasta que la perrera municipal se lo llevó.
¿Hay alguien capaz de tanta fidelidad? Rotundamente creo que no.
Saludos Andrés
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