
Se cae, es lo primero que siente, pierde toda noción de tiempo, lugar y hasta de sí mismo. Lo único que sabe es que cae, a su alrededor todo está negro, de momento se detiene, no es una detención brusca, más bien todo lo contrario, es tan leve, tan sutil y delicada, que casi no se apercibe de que ya no sigue cayendo. Siente una sensación de calma total, de relax infinito, absoluto, sigue viéndolo todo oscuro, está como en la nada, una nada placentera y relajante. Empieza a caminar, por lo menos tiene conciencia de que se desplaza, algo pasa sobre su cabeza sobrevolando la nada, son luces sí, luces rojas, ve una, dos, otra más allá, pasan veloces y se pierden quién sabe donde. Es curioso, sigue "caminando" como si lo estuvieran atrayendo hacia algún gran imán. Algo se divisa a lo lejos, es una cola de personas ¡Sí, son personas, por fin se encuentra a alguien, y además de su especie! Se sitúa detrás de un hombre que lleva un pañuelo amarillo alrededor del cuello, y un sombrero clásico gris oscuro. En ese momento alguien o algo le dice un número pero descubre con sorpresa que al instante ya no se acuerda de la cifra que le han dado, supone que tiene que ver con la misma cola, cola que lógicamente debe llevar a algo, aunque en este mundo o lo que sea, bien poco uno se puede fiar de la lógica.
Es curioso, pero se siente como si estuviera en un lugar donde las dimensiones para él conocidas de tiempo y espacio, perdieran totalmente el significado. Está flotando y una calma interior desconocida, se apodera de él, tiene la sensación de que algún ser que habita en el lugar no quiere ponerlo nervioso, pues todo lo desconocido que supone lo que está experimentando, no le inquieta en absoluto y se sorprende por ello. Esta sorpresa es grata, pero algo pasa cuando intenta entablar comunicación con el hombre del pañuelo amarillo y el sombrero gris oscuro, descubre, esta vez con un gran temor, que no puede hablar, por primera vez desde que se encuentra en este sitio, siente un horror agobiante, sin embargo esta desagradable sensación no dura más que un instante, pues el hombre le responde a la pregunta que trataba de hacerle, no le responde oralmente, sino con la mente, sí, no hay duda, aquí se comunican con la mente. La sensación de cierto bienestar vuelve a él, la idea de quedar incomunicado le horrorizaba y más en un sitio desconocido, sin embargo, la respuesta a esa pregunta no le satisface y le da a entender que el hombre que le precede en la cola está en las mismas condiciones que él, ya que ha respondido un "no sé", a la pregunta "¿dónde estamos?". La respuesta se ve completada con un "estaba regando las plantas de mi jardín, cuando..."; sus ondas mentales captan una confusión total en la mente del compañero de la cola; un tercer hombre se une a la conversación, está unos paso más adelante "sí, a mí también me pasó cuando estaba preparándome el desayuno", dice un hombre de unos 40 años, con una mancha de café sobre su camisa blanca; "pues yo estaba repartiendo las cartas como de costumbre", dice un hombre, justo detrás de nuestro protagonista, el hombre tiene toda la pinta de cartero de barrio, de estos que son como uno más de tu propia familia de tanto verlo por tu casa en tantos años de servicio a la correspondencia postal, por el aspecto deduce que debe estar a punto de jubilarse; una niña con dos trenzas y una piruleta en la boca que lleva un uniforme de colegio dice: "pues yo estaba en el patio con mis amigas", la niña está increíblemente tranquila y saborea su piruleta con toda naturalidad, aparenta unos 9 años como mucho; "¡joder! pues a mí me pilló atracando un banco, no me pilla la pasma en 22 años de profesión y me pasa esto ahora, precisamente cuando me podía haber retirado ya con este pelotazo, si es que ya lo decía mi madre, hay dos clases de personas, unas nacen con estrella y otras estrelladas", dice un tipo de unos 37 años con una melena desaliñada, unos pantalones vaqueros ajustados y rotos por varios sitios y una camiseta negra de "La Polla Records". En poco tiempo parece más la cola de un mercadillo que el sitio solemne y casi tétrico al que había llegado nuestro protagonista, cada uno cuenta lo que hacía momentos antes -se supone, pues la medida del tiempo aquí es muy relativa- de llegar a este lugar tan intrigante. Algo le llama la atención al chico, son las luces rojas que había visto antes, sin duda, éstas debían estar perdidas o se dirigían a algún sitio en especial, pues ahora las hay a millares y curiosamente desde que había llegado a la cola no se había dado cuenta de esto, aunque intuía que habían estado allí todo el tiempo moviéndose a gran velocidad y en todas las direcciones, como cometas mágicos llenos de energía proveniente de cualquier poder oculto. De repente ve aparecer de la nada a un "tío" con pinta "hippie" que lleva una túnica morada, el hombre tiene una barba que le llega hasta las rodillas y lleva unas gafas redondas y pequeñas, va fumando algo que por el aroma que despide y que llega hasta la misma cola parece marihuana, tal como aparece de la nada, desaparece en ella. A nuestro protagonista, esta aparición le da a entender que el hombre en cuestión se ha quedado "colgado" entre dos mundos pero a juzgar por la expresión de su cara, no es algo que le desagrade, sino todo lo contrario, algo queda de nuestro amigo el "hippie", un sombrero de mago puntiagudo del mismo morado que la túnica se le ha caído al desaparecer en la nada, pero de inmediato es imbuido por ésta.
No sabe el tiempo que lleva en la cola, ni siquiera puede hacerse una idea, es todo tan atemporal que no se percata del transcurrir de los segundos, minutos u horas, quién sabe si días, años o siglos. Lo único sobre lo que tiene certeza es que delante de él, sólo queda el hombre del pañuelo amarillo y sombrero gris oscuro, el cual está a punto de difuminarse como lo han hecho los demás y partir hacia lo desconocido. No lo hacen igual que el "hippie" que literalmente desapareció al instante sin dejar rastro, al igual que su sombrero, la gente de la cola se disuelve en la nada poco a poco, como cuando diluimos algo en agua y vemos los surcos que va dibujando ese algo hasta que se funde por completo con el líquido elemento. El hombre del pañuelo amarillo ya se ha diluido por completo y se ha fundido en la nada y ahí vemos a nuestro amigo a la espera del mismo proceso. No está asustado, ni nervioso, todo lo contrario, la sensación de bienestar se va acrecentando mientras comprueba que ha llegado su hora. A lo lejos escucha una música, parece un violín, no, es un violonchelo, un dulce violonchelo que lo atrae, lo complace, lo enamora, lo tiene aturdido, quiere ir hacia ese sonido, quiere acogerlo en su ser, quiere amarlo y sentirlo dentro de él. Una gigantesca luz roja se acerca a él, comprueba que en medio de ella, horizontalmente se extiende una raya, como si ésta dividiera a la luz en dos partes, lo primero que piensa, es que es un ojo, el ojo se va abriendo, la música se hace más intensa a su alrededor, nuestro amigo está llorando, sí, está llorando de gozo, algo se empieza a ver dentro del ojo, es un número, sí, ahora lo recuerda, es el número que le habían dado al llegar a la cola. Una voz grave y profunda se oye, la voz parece provenir de toda la nada y se hace inmensa ante él, la voz dice: "¡Sesenta y nueve!"
¡Esa es la cifra que hay dentro del ojo! El muchacho sale lanzado hacia todas partes, es una sensación de entera libertad, su conciencia le dice que ya no es humano, es una luz roja incandescente que ha sido propulsada hacia el infinito...
Los dos comparten ducha, al salir de ésta se preparan una suculenta cena y se sientan en el sofá del comedor a ver una película de DVD, aun les quedan dos días para disfrutar con y del otro. Afuera una gran tormenta se apodera de la noche.
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Luces Rojas (II)
Andrés 16, mar , 2 comentarios
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2 comentarios
Interesante relato sobre lo que debe ser la reencarnación, unos mueren y otros, o los mismos, cogen el número para convertirse en espermatozoide.
Yo así lo veo.
Tanto si he adivinado el significado como si no, me encanta tu relato.
Excelente.
Libre Interpretación, en este caso lo dejo abierto, es una paranoia, sin más.
Gracias por tus comentarios.
Un Abrazo
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