
Le gustaba la luz, pero no la común, le gustaba recorrer toda la serie cromática y así poder componer la melodía de su alma de errante. Le habían otorgado una luz blanca y brillante, la más brillante de todo el universo colorístico, pero a él le parecía insulso tanto brillo sin poder cambiar de color, quedándose en el blanco neutro, el no-color, lo más semejante al gris perpetuo que traiciona sueños. Nunca le había gustado verse reflejado en ese brillo cegador que deslumbra la visión ajena y levanta alabanzas vacías, prefería el tono mate, en su componente más natural, sin edulcorantes. Quería ser fiel a su anhelo más íntimo, y convertir su paso por el mundo en una sinfonía antigua, que aun resuena por lugares recónditos, sólo percibida por algunos locos soñadores. Había roto el primer grillete, el más doloroso, su destino empezaba a dibujarse con esos colores que siempre había tenido dentro de él, ahora podría mostrarlos a todos.
Basado en una “historia real”


2 comentarios
Eso es lo que esperamos, todos los colores. Mi corazón se anexa al del tío Andrés.
Natural, como la vida, si es que puede decirse que esta sea natural. A veces no hay nada más antinatural que la vida, nosotros la hacemos así.
Yo puedo ser ese loco soñador que escucha tú música de siglos, y romper todos los grilletes hasta que no quede ninguno.
Escribe un comentario