Este país no tiene memoria, ese es el precio si no el más doloroso, sí el más injusto de perder una guerra y de pasar 40 años lastrados en la ignominia y el analgésico olvido. Cuando hubo que empezar a recordar no convenía para no despertar “fantasmas”, seguramente alguno temía que en las fosas comunes, todavía hoy muchas sin identificar, iban a pedir cuentas pendientes. No hay que olvidar, historiadores extranjeros no lo han hecho, que en este país en el año 1936 aconteció una revolución social anarquista, aun sin precedentes en la historia de la humanidad, campesinos que a través de las colectividades de la tierra suplantaron a un Estado que se tambaleaba por los efectos de la guerra que dios había encargado a fanáticos para “salvarnos” a todos del desastre del marxismo que venía de la Unión Soviética. De esa semilla ácrata, que ya desde finales del siglo XIX y principios del XX había germinado en esta piel de toro, poco proclive a ceder a tanto espíritu libre que pudiera amenazar su sólida coraza tejida ya desde Torquemada, nace una Organización anarcosindicalista que llegará a ser el sindicato más importante e influyente del país, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), así como diversos periódicos y publicaciones libertarias, “Solidaridad Obrera”, “La Revista Blanca”, etc..., por no hablar de la temida Federación Anarquista Ibérica (FAI) creada en los años 20. En definitiva España fue un país en el que el anarquismo caló entre las masas obreras e intelectuales, muy a pesar del poder dominante de turno, pero los verdaderos protagonistas de todo este movimiento fueron las personas de carne y hueso que lo sustentaron con su quehacer diario, que le dieron lustre y que representaron un ejemplo de tesón y nobleza en la persecución de un ideal, en intentar alcanzar “LA IDEA”. Nombres como Ramón Acín, ejemplar pedagogo y artista oscense que ya alguien lo definió como un pozo de humanidad y que representa todo lo contrario de lo que nos ha enseñado la historia ”oficial” sobre lo que es un anarcosindicalista, hombre de convicciones profundamente pacíficas pero que nunca dio su brazo a torcer y eso lo pagó con la delación de sus paisanos y que acabó fusilado por el odio fascista al igual que su mujer Concha Monrás; Federica Monteseny, figura polémica incluso dentro de la CNT, que llegó a ser Ministra de Sanidad durante la República y que se negó a salir al exilio favorecida por su condición, no sin antes atender a muchos compañeros suyos que se encontraban en paupérrimas condiciones en la frontera francesa, tratados como ganado y abandonados a su suerte; Buenaventura Durruti, quizás el personaje más conocido internacionalmente del anarquismo español, hombre plenamente de acción que tuvo una vida por y para el anarquismo y la acción directa y que se sospecha aun sobre la autoría de su confusa muerte y qué decir de su inseparable Francisco Ascaso, de Ángel Pestaña, Francisco Ferrer i Guardia fundador de la Escuela Moderna, un ejemplo de escuela laica y racional, que pagó su osadía con el fusilamiento en los fosos del Castillo de Montjuïch, mientras que en Bélgica y en demás países europeos se honraba su memoria; o Salvador Seguí el “noi del sucre”, influyente y carismático anarquista catalán asesinado por pistoleros de la patronal en los años veinte, Anselmo Lorenzo, cuyo nombre da vida hoy a un Archivo de temática libertaria en Madrid... Éstos y tantos otros, algunos más anónimos, pero igual de honestos con sus ideales, personas cuyas trayectorias vitales nos hacen ver la importancia que la dignidad con mayúsculas tiene, en esta vida y en este mundo de hoy, en este país de hoy, en el que se nos compara el fundamentalismo islámico, con el anarquismo de principios del siglo XX.