El problema no somos nosotros, el problema es la circunstancia que nos rodea, este cascarón cutre que nos ahoga en repeticiones estúpidas, esta vestimenta uniformada que nos oprime. El problema es trazarse una senda, porque ésta no existe si no se improvisa, si no se reinventa hasta la saciedad, hasta que la imaginación se convierta en única guía, inspirada en el sentimiento más íntimo que no dejamos que transpire en nuestra respiración. El problema es preconcebir ideas, prejuzgar ateniéndose a la supuesta costumbre sociológica, el no tener capacidad para salirse por la tangente, porque ya no toca, porque la tangente nunca tocará ni nunca tocó. El problema está en no escucharse a uno mismo, somos sordos para nosotros mismos. El problema es no ser consecuentes, vivir en una constelación de mentiras, mirarse en el espejo ajeno, sin haberse mirado antes uno mismo en el propio. El problema está en dejarse llevar por la serena corriente de los días sin haber inhalado el aire suficiente, buscar la cómoda apariencia, ir escalando peldaños de “normalidad” a la vez que se proclama a los cuatro vientos la benevolencia de la insurrección. El problema está en querer ser uno mismo sin conocerse siquiera, sin saber reconocer los anhelos, los miedos que tanto paralizan la ilusión. El problema está en no saber soñar pisando tierra, en no saber dar un “no” por respuesta por el qué dirán, en alejarnos constantemente de la diferencia y de la individualidad tan necesarias en estos tiempos, en el código de barras que te incrustan en el cerebro cuando la conciencia ya ha sido suficientemente contaminada. El problema está en que ya no respondemos a las emociones, porque tratamos de evitarlas, porque tenemos dinero para comprarlas aunque no tengamos tiempo para vivirlas. El problema está en la manía de agrupar, de moldear, de unir, de relacionar, de simplificar, de responder siempre “cinco” cuando te preguntan “dos más tres”. El problema está en el sistema, porque el sistema lo es todo, no es solamente política, es sociedad, es individuo, es emoción, sentimiento, costumbre, deseo... Es causa y consecuencia, se retroalimenta constantemente en una espiral de locura, que nos aleja cada vez más de la condición humana tal como yo la entiendo, sin cascarón y sin circunstancias. Aunque quizás sí seamos nosotros el problema, pues nos enseñan, o por lo menos intentan enseñarnos, que nosotros somos nuestra circunstancia...