
Se reflejaba en la niebla una esencia acogedora y silenciosa cual embrujo de los tiempos. Aquellos años pasados se fueron sin dejar rastro y el despertar de la nave fue tranquilo y dulce. Alguien se acordó de un nombre y todos lo interrumpieron, nadie quería recordar pero todos querían añorar, la melancolía se acogía en los corazones como alimento de ansiedades. Asintió y obedeció, nunca más volvió a recordar, se convirtió en un hombre sin pasado, pero con un alentador presente lleno de aromáticas virtudes y nobles pensamientos, a lo lejos divisaron al transportador.
El ensueño dibujaba vértices imposibles y la niebla ensuciaba el día en el planeta de los rectángulos. El despertar de una luz asomó la esperanza en sus corazones, si bien preferían la noche. En otros momentos se llegaría a pensar que eran felices pero la duda seguía habitando en su raciocinio, y persistía el fantasma del tiempo pasando sobre sí mismo como una carroña eterna. Los deseos se acrecentaban y la ansiedad cegaba las buenas vibraciones y los anhelos de libertad. Mirar atrás era motivo de alegría, mirar adelante de incertidumbre, aunque siempre se aferraban a ese optimismo genético que les hacía levantar una y otra vez de situaciones complicadas. Habían conquistado su corazón, su mente seguía encerrada.
El ser pensante ofició, hizo de su observación conocimiento, de su misticismo guía, de su vida camino, de su entusiasmo raciocinio, de su equilibrio interior juego, de sus ideas esencia, de su alma libre enseñanza, el ser pensante ofició.
La perspectiva acogía sinfonías de mezcolanzas entre un público adulto poco dado al aburrimiento, la ansiedad de un futuro mejor seguía allí y el optimismo era la biblia de los lugares, en su corazón se trazó un círculo y allí fue a parar el deseo de la magia, su oda a la esperanza, cual llegada a la llamada, cual orgasmo a su placer, cual sentir a mi querer, y el hombre se hizo.
Sondeando el espacio exterior se podía apreciar la cantidad de vida que irradiaba su mirada, su brillo cósmico provinente de millones de años atrás, tan antiguo como la Tierra, arrastraba miles de rocas que llamaban meteoritos, con la incandescencia del latir viviente de la fuerza de la natura. Profetizó un don en su concepción y como si alguien la hubiera mentado, en lugares tan lúgubres como su conciencia, se hizo la luz.
La vida multicolor tornaba asperezas en entusiasmo colectivo, la derrota era observada como juego de multitudes, tan intrascendente como su quehacer, tan obsoleta la duda como la fragua de la incertidumbre. El orgullo se pudrió entre espasmos de protagonismo, la sencillez se avino a las mentes, y sin avisar a nadie se hizo la felicidad.
Redondeando la senda de los vientos encontraron una luz proveniente de la nada, la siguieron sin esperanza hasta que encontraron el lugar que buscaban, el absurdo se plasmó en horas muertas y el cambio se hizo necesario e impreciso, se regocijaron en su futuro como causa de voluntades hambrientas de vida, por fin se hizo la llamada y estrellas perpetuas que colgaban de los Tiempos se divisaron, como guía definitiva hacia la serenidad que precede a la imaginación, y fue entonces cuando la inquietud se hizo.
Resonaron trompetas de alegría, reventaron cadenas opresoras como lo hace el semen de vida, se ensancharon los caminos, se disiparon las dudas de los horizontes creados para dominar, se antepuso la lógica al fanatismo intrínseco de sociedades conducidas por mentes enfermas de codicia, se abolió el mando, se autorizó la ilusión, simplemente se vivió y de esa simplicidad, se hizo la libertad.
Se ensanchó el alma como lo hace la ola en su mar, se tornó vivo lo que olía a muerto, el tiempo se paró, y su destino incierto se concretizó en forma de latido, su mirada le traspasó la herida abierta por años de olvido, comprendió que al fin le tocaba el turno a su corazón desvalido, y así de improviso, el amor se hizo.
La flor germinó en sus conciencias, el fruto de la vida se repartió para disgusto de algunos y consuelo de muchos, la brisa se preparó para ser viento, el color de la serpenteante dicha bifurcó ilusiones en forma de buenas intenciones, y de la semilla del coraje brotó el árbol de la razón. Y entonces cuando la paz de los arroyos inundó los rincones, la esperanza se hizo.


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