
Soziedad Alkoholika inicia su andadura en el panorama del Rock estatal en 1990 con "Intoxikazion Etilika" aunque será en el segundo de sus discos "Soziedad Alkoholika" donde romperá todas las espectátivas y enseñará a mucha gente en esa época (1991) que la unión Punk y Metal no era ninguna utopía que no pudiese superar las inocuas disputas ochenteras entre estas dos tribus urbanas. Pero si bien sus seis primeros discos son muy a tener en cuenta, incluido un disco de versiones "Diversiones" (1996), será en el séptimo "No intente hacer esto en su casa" (1997) donde nos daremos todos cuenta que el trallazo de sonido guitarrero no está reñido con que se entiendan las letras, a partir de ahí se puede decir que se entienden estrofas enteras, más allá del típico estribillo - eslogan de turno. Pero esto solo es anécdota, pues este disco no tiene fisuras en sus 12 temas que lo componen, por lo que no vale la pena destacar un tema u otro, todos tienen mucho que decir y mucho que escuchar. S.A demuestra que la madurez consciente no pasa por ceñirse a unos principios ya manidos por la industria "Sentar la cabeza y pensar con el culo..." Pista 7 y que se puede preservar esa identidad que los hizo únicos, luego vendrían otros con más o menos acierto siguiendo esa estela: Habeas Corpus, Hamlet, A Palo Seko... Desde el año 2000 vienen sufriendo una campaña de censura por parte de los sectores más conservadores y trasnochados de este país.
01. Operación Mengele [ letra ]
02. Peces Mutantes [ letra ]
03. Cuando Nada, Vale Nada [ letra ]
04. Nada Que Explicar [ letra ]
05. Palomas Y Buitres [ letra ]
06. ¡Ya Os Daréis Cuenta! [ letra ]
07. Sentar La Cabeza [ letra ]
08. Angustia [ letra ]
09. Garantía Total [ letra ]
10. Aki Tirado [ letra ]
11. Amigo De Bar [ letra ]
12. Rumore [ letra ]




La literatura y el cine se entrelazan en un ejercicio mágico en esta película argentina de Eliseo Subiela que cuenta las andanzas sentimentales y vitales de Oliverio (Darío Grandinetti), un poeta bohemio en la ciudad de Buenos Aires que vende sus poemas para de vez en cuando, poder comerse un asado con sus dos colegas, un escultor de obras eróticas y un emigrado voluntario estadounidense. A Oliverio solo le gustan las mujeres que saben "volar".


