El Bosque despertaba tras la temible noche tormentosa, entre neblinas y olor a tierra mojada. La luz del tenue astro se filtraba entre el follaje de vegetación, tan abundante que apenas dejaba ver más allá de.dos pasos. Allá en lo bajo, imperceptible para la mayoría de humanos-máquina, a veinte centímetros del suelo lleno de hojas, se oyó un bostezo:
- ¡UAAAAAAO! ¡Buenos días, bosque amado!
El Enano Peludo del Bosque había despertado de su sueño de 40 horas en el preciso instante que una ardilla saltaba de un árbol a otro.
- ¡Qué gran suerte tengo, dispongo de 75 horas, veintiún minutos, diez segundos y dos décimas de tiempo para hacer lo que quiera antes de volver a dormir! Lo primero un buen desayuno, veamos que hay por aquí; mermelada de frutas de mi querido bosque, pan para hornear, leche de mivaca Jacinta, huevos de mi gallina Fiopilda, chocolate artesano de mi camarada Rinpimtín, naranjas de otras regiones, dulces de la montaña, frutas del hermano Rosildo, bien...bien...bien, con esto habrá suficiente, si me quedo con hambre repetiré tres veces tres.
El Enano del Bosque daba cuenta del suculento manjar en su refugio bajo las hojas otoñales, y su cabeza no paraba de aventurar nuevas y entretenidas vivencias a las cuales desafiar y poder así contarlas a Wílivur el mercader o a Sharia una de sus dos mil pretendientes, pero sin duda la que más le gustaba de todas. Quería visitar las Tierras del Norte, aquellas las cuales le habían hablado tan bien los contados viajeros que pasaban por el bosque, querí aconocer la Tierra de las Leyendas, para saber si existían realmente o eran historias inventadas de otros tiempos pasados, quería saber del Monte de La Vida, y de Los Lagos de los Micos, así como del Monstruo de la Hoguera, y ambicionaba el Oro de Mentira, tan poderoso como poco valioso.
- ¡Así pues, en marcha! Me queda un largo y gozoso camino para conquistar aventuras, historias de otros lugares, de otras costumbres, de otras gentes. Sólo espero no encontrarme con humanos-máquina tan ajenos a la vida, tan domesticados y ajetreados por sus tareas que les resulta hasta difícil mirar a donde pisan. ¡Serán desgraciados!. Casi me aplasta uno el otro día, claro, como siempre van con prisas y además siempre se muestran hostiles a lo que les resulta diferente, pobrecillos, están condenados a ser esclavos de su propio destino, y lo peor de todo es que algunos no se dan cuenta de esta evidencia y se contentan con sus fatigas diarias.
Gritando este pequeño discurso a los cuatro vientos del bosque, el enano inicia su andadura después de echar un último vistazo a las provisiones que cuidadosamente había preparado para el largo camino que le esperaba. Partió silbando melodías de la región en la que vivía que le inspiraban a continuar el camino con alegría y ánimo y le infundían fuerzas renovadas, le recordaban aromas del bosque impregnado de humedad y de vida. Había recorrido ya un buen trecho cuando se tropezó con algo que casi le hace caer tan inmiscuido que iba él en sus ensoñaciones. Delante de él apareció a su vista la concha de un caracol, el cual parecía estar durmiendo hasta ese momento, pues empezaba a asomar sus pequeños cuernos y sus ojos cansados después de lo que parecía un largo sueño.
-Tres días, dieciséis horas, doce minutos y cuarenta y tres segundos de dulce sueño y me despierta un enano del bosque ¡Es que no miras por donde vas!
- Perdona amigo, estaba recordando momentos preciosos y me quedé colgado de ellos, suspendido en la eternidad de mi bendito bosque.
- ¡Bla, bla, bla, todos los enanos sois iguales, charlatanes y farfulleros! A ver,
- ¿Dónde está ese bosque que me hablas?.
- A quinientas millas al sureste de aquí, por cierto ¿Queda mucho para llegar al Lago de los Micos?
- Apenas dos millas, veo que vas en dirección contraria a la mía, yo espero llegar a la Laguna del Silencio dentro de treinta años, es el segundo de los tres viajes que nos podemos permitir los caracoles y estaba plácidamente descansado para emprender el camino pasado mañanahasta que alguien me despertó.
- Vamos caracol, alegra esa cara y míralo por el lado positivo, no siempre se puede tener la oportunidad de conocer a un enano del bosque tan simpático como yo y además acuérdate que damos suerte.
- Sí ya lo he podido comprobar.-respondió el caracol en un tono irónico
- Bueno, lo dicho amigo hasta otra, y recuerda sonreír.
- ¡Enano chalado, si aun tendría que haberle dado las gracias por
despertarme!
El enano siguió su camino hacia el ya próximo Lago de los Micos donde pasaría la noche. Llegó cuando ya estaba oscureciendo y apenas pudo ver unos pocos micos, así que buscó un refugio de hojas y después de la cena y de fumar de su pipa disfrutando del entorno, se sumergió en su especial meditación durante un buen rato, fundiéndose con el medio, no necesitaba dormir y se distrajo contemplando a dos micos copulando.
<<¡Qué bien que lo pasan estos simpáticos animales! -Se decía a sí mismo-,
siempre con sus jueguecitos y qué contentos se les ve>>.
En ese momento un duro objeto golpeó su cabeza, produciéndole un intenso dolor, sus ojos se alzaron en busca de la causa de aquel percance y pudo ver en lo alto del árbol en el cual se apoyaba, un mico riendo estruendosa y agudamente mientras seguía lanzándole bellotas al enano, que hacía lo posible para refugiarse con los brazos de nuevos y desagradables impactos. Al fin el bombardeo cesó gracias a que la munición se le acabó al bélico mico que seguía riendo y agitándose en la rama con tal vehemencia que ésta se partió e hizo que cayera encima del pobre enano, el cual estuvo a punto de morir asfixiado si no es porque pudo sacar de su bolsa un pequeño punzón que utilizó para pinchar al animal que salió impulsado nuevamente hacia la rama. No acababa de reponerse del todo cuando otro mico salió de la oscura nada y entre gritos de alborozo se le enroscó al cuello al enano que tuvo que propinarle un mordisco para quitárselo de encima. El alba ya empezaba a despuntar y la pareja de micos seguía a lo suyo sin importarles lo más mínimo la intrusión de un extraño en su territorio que hizo que se formara una gran algarabía. Ya a salvo de los traviesos micos, el enano reflexionó después de haber observado y experimentado, como a él le gustaba, y sacó jugosas conclusiones acerca de la gran diferencia de comportamientos entre seres de la misma especie.
El enano reanudó el camino en un día soleado y con una leve brisa que invitaba al disfrute del esplendoroso bosque que atravesaba, sin embargo no tardó mucho en encontrarse a un ser rojo de su misma estatura con un gorro verde que terminaba en un cascabel plateado, el ser no hacía más que hablar sin parar sobre cosas sin sentido, por lo que le pareció al enano, además a cada paso que daba hacia mover el cascabel como acompañando a sus extrañas palabras con un toque de alegre y divertida locura. Al cruzarse con él ni siquiera pareció darse cuenta de su presencia, sin embargo el enano prestó atención a sus palabras.
- ¡Aviso a todo el que quiera enterarse sobre los lugares visitados por una oruga, la cual al oír esto, conoció a un pato que se compró un peine para un perro que tenía la cadena muy larga. Tengo que contaros cosas y casos de perros y patos, de orugas y peines. Me dijeron cosas, qué felicidad saber escuchar, qué felicidad poder hablar. Setas, hierbas, gaitas, conejos, frío, ranas rosas, alas de pájaro, plumas de la suerte. Tierras del Norte a una milla, dirección suroeste, paradojas de la vida.Los saltadores se subieron a mi chepa ...!
El enano supo escuchar y se quedó con la información necesaria, estaba cerca de su próximo destino: Las Tierras del Norte. La intuición y la experiencia del viajero le habían ayudado.
Una melodía envolvía un cielo nublado y húmedo. Parecía provenir de dentro de los árboles, era una oda a la tierra, a lo más profundo del bosque. El Enano se encontró en medio de un bosque encantado. Un pequeño hormigueo recorrió su pequeño cuerpo, una nube de purpurina mojó su cabeza y sintió una necesidad de mezclarse con el medio tan intensa como vivificadora, no tardó mucho en encontrar lo que necesitaba, un roble anciano de unos 500 años que conocía el bosque desde sus orígenes, le indicó donde podría encontrar setas del conocimiento, y el enano se dirigió sin pausa. Al ingerir dos de aquellas, inició su particular viaje, se sintió sabio como la piedra, noble como el árbol, brotar como el arrollo, volar como el pájaro, ligero como la hoja, libre como el viento, en definitiva se sintió bosque encantado, su paso por las Tierras del Norte había sido tan fructífero como preveía.
Aturdido aún por la experiencia vivida en Tierras del Norte, el Enano empezó a percibir un olor que nada bueno presagiaba, el olor a quemado en un bosque es síntoma de que hay humanos-máquina cerca, si encima ese olor era tan intenso como el que ahora sentía e iba acompañado de una espesa humareda tan abundante como cegadora, la relación se hacía aun más siniestra. El Enano sabía que era raro el humano-máquina que no dejara su rastro, -aunque éste fuera tan pequeño como él- y no dudaba que esta vez no sería pequeño. El Enano sintió la muerte de sus hermanos los árboles, de toda vegetación y fauna existente en quién sabe qué extensión, y casi se chamusca él mismo en su tupido y abundante pelo. No podía ver nada, el humo se lo impedía, pero sintió como propio el quejido espeluznante de especies diversas de árboles y animales que pedían ayuda a nadie en concreto y a todo el mundo en general. El enano quizás por los restos del efecto de las setas, lo percibió todo con una claridad tan cruel como real y de sus ojos manaron litros y litros de lágrimas que no pudo ni quiso contener. Le habían hecho una herida profunda en el alma que tardaría mucho en cicatrizar. Luego cuando el incendio ya cesó y recorría el espantoso panorama de árboles calcinados que había dejado, sacó de nuevo, la conclusión que siempre extraía de todas las vivencias, hasta de las más desagradables, y no dudó en considerar que muchos más litros de lágrimas que las suyas, hacían falta para apagar incendios de esa magnitud, y sobre todo de los propios humanos-máquina, que si bien eran los que más daño podían hacer, también eran los que mayor bien podían ocasionar, ya que por cada lágrima suya, ellos podían derramar mil suyas. Claro que para eso hacía falta que les hirieran el alma, y el enano dudaba mucho que ellos tuvieran de eso. Al enano nadie se lo dijo pero tenía la total seguridad de haber conocido al monstruo de la hoguera.
El terreno se empinaba en una leve pero continua pendiente, los primeros brotes verdes aparecían a los ojos del enano después del desastroso incendio. Se internó en un bosque de multitud de especies sobre el que se cernía una inquietante y misteriosa niebla que revelaba apenas las primeras filas de árboles. La quietud era tan inquietante que apenas parecía transcurrir el tiempo, y ya se había adentrado en el bosque lo suficiente, como para perder la orientación en un sitio tan uniforme y oculto por la propia espesura de los árboles, cuando divisó en un horizonte cercano un reflejo que parecía provenir de lo que sin duda era un lago. Este descubrimiento, alivió un incipiente nerviosismo que parecía acudir al enano, que ya se veía perdido en un misterioso bosque lleno de un silencio aterrador y vacío.
Al asomarse al lago para beber de él, el enano no vio su propio reflejo, sino el de dos hermosas hadas que lo miraban interrogantes. La primera reacción del enano fue dar un paso hacia atrás y abstenerse a beber, pues había leído libros antiguos que contaban historias de hadas guardianes de bosques, lagos, montes y mares y sabía que si lo hacía se expondría a los peligros más insospechosos. Aun así las hadas le hicieron una señal, acompañada de una insinuante sonrisa, para que se acercara y el enano no pudo más que obedecer. Las hadas le susurraron que descansara del largo viaje y se bañara en el lago, que después le darían una noticia, la cual debía saber para poder salir del bosque. El enano recordó que en algunas historias las hadas del lago sí permitían el baño a los viajeros como recompensa a sus largos viajes, así que lo hizo, y experimentó un bienestar infinito, una sensación de placer tan grande que hizo que las hadas se rieran de él al observar el éxtasis en que había entrado, fue tanta la excitación que experimentó que las mismas hadas tuvieron que calmarlo. Después ya seco y totalmente relajado le dijeron que para salir del bosque debería encontrar un trébol de cuatro hojas, llegado a ese momento la intuición le bastaría para dejar atrás Tierra de Leyendas, ya que ahora esta intuición se veía contrarrestada por el hechizo de los seres que habitaban el bosque. La noche caía en el bosque y el enano más confundido que nunca, deambulaba sin ninguna guía hacia ningún sitio en concreto, la brújula a que había recurrido hasta entonces, parecía haberse vuelto loca. De repente se encontró con otro enano, el cual vivía en un nogal, imponente por su altura y grosor, el enano inquilino escuchó atentamente al enano visitante, después de presentarse como uno de los 1500 enanos habitantes de Tierra de Leyendas, al enano peludo le impresionó esta cifra-, y de invitarle a manjares del lugar. Cuando lo hubo escuchado le ofreció fumar de su pipa y fue entonces cuando le dio un consejo para encontrar el trébol de cuatro hojas, le dijo:
<<estate atento a todo lo que veas a partir de ahora y en base a esto, una opinión tuya del pasado cambiará, sólo así encontrarás el trébol de cuatro hojas y podrás salir de aquí.>>
El enano partió enseguida con los ojos bien abiertos y no tardó mucho en ver elfos, que vivían bajo setas gigantescas, a los cuales consideraba los seres más extraordinarios... ¡Pero de los cuentos! Jamás se había imaginado que existieran en la realidad, los elfos le dijeron entre risas burlonas:
<<¡Cómo puedes ver existimos!.>>
Dos pasos más adelante vio gnomos que le repitieron en tono más sereno lo mismo, así sucedió más adelante con duendes, con magos, con más hadas, y hasta con trolls, todos repetían la misma frase.
Entonces el enano lo entendió todo. Cuando inició su viaje dudaba que existiera Tierra de Leyendas, en lo más profundo de su corazón mantenía la esperanza, aunque su cabeza no le decía lo mismo, esta duda era lo que le retenía en el bosque. Sólo al convencerse de que lo que veía era realidad, podría salir de allí, y así fue, algo resplandecía entre unos matorrales, era el trébol de cuatro hojas, el enano pudo salir del bosque y seguir su viaje hacia un monte que ya divisaba en la temprana luz del día, el Monte de la Vida.
El largo y sinuoso camino se hacía más inaccesible para el enano a cada paso que daba, y a punto estuvo de acabar con su fortaleza, pero logró llegar a la cima, extenuado y sin provisiones sacando fuerzas de donde no tenía. En la cumbre se hallaba un anciano que cocía una pócima en una gran olla, éste se presentó:
- ¡Hola viajero! Soy uno de los 24.567 ancianos que aparecen en cuentos fantásticos, tengo 788 años, y como comprobarás soy tan real como tú, bienvenido al Monte de la Vida, aquí soy el encargado de regalar vida, esta olla rebosa de ella, bébela y regresarás de donde partiste, a tu amado bosque.
- Pero me falta por encontrar el Oro de Mentira tan poderoso como poco valioso, y aun me queda tiempo.
- Sólo allí lo encontrarás.
El anciano le ofreció una cucharada de pócima que el enano bebió resignado. Al instante el enano se encontró en su árbol y en su bosque, vio que nada había cambiado, aparentemente, pero dentro de él supo que sí había encontrado al Oro de Mentira tan poderoso como poco valioso. Al recordar sus vivencias, supo que el anciano que le había devuelto a la vida cotidiana, no le había mentido al respecto. Todas las vivencias le habían llenado de emoción, y le habían sacado de una vida que apreciaba, pero que con el tiempo también deseaba abandonar para adentrarse en otros mundos, en otras experiencias vitales, ese era el verdadero Oro de Mentira.
El enano siguió deleitándose es sus recuerdos antes de tomar un merecido y deseado descanso.
Categoría: Cuentos
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El enano peludo del Bosque
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1. El despertar
Despierta en un paisaje extraño, en un tiempo extraño, en un silencio extraño, en un cuerpo extraño, sólo una fina hebra sujeta su percepción sobre él mismo en un pasado que se dibuja vetustamente en recuerdos fugaces. Yace desnudo en un manto húmedo de helechos azules, tarda en reconocer las señales de su atlas corporal, vuelve su atención al entorno, pero lo que ve no es producto de su raciocinio, de su conocimiento previo, del análisis empírico de las cosas, tan útil desde dónde viene, si es que ha llegado de algún sitio. Un ave multicolor con antenas se suspende en el aire frente a él y le habla, lo sabe porque él comprende y responde, de inmediato olvida lo hablado y el ave se esfuma diluyéndose en el cielo purpúreo. Se levanta, aún aturdido y comienza a caminar sobre el húmedo tapiz de helechos, durante un buen rato sólo paz y desolación descubre en este mundo onírico, aunque él sabe que no es un sueño, demasiado real para serlo, siente que el silencio le estremece y a la vez lo conmueve, es como una cura secreta del alma, inicia una prolongada ascensión que lo llevará a la cumbre más cercana, una vez allí se detiene y esboza una gran sonrisa de satisfacción, por fin algo conocido para él, hasta dónde llegan sus ojos ve un tupido bosque de tejos.
2. ¿Un Bosque de Tejos?
Lleva andados mil siglos y no consigue llegar a su anhelado bosque, lo sigue teniendo a la vista pero incomprensiblemente todavía no ha alcanzado al primer árbol, no sabe qué es lo que le empuja a llegar, pero en su mente no cabe más que esa meta ¿ilusoria? Si confía en sus sentidos no, lo ve, lo tiene al alcance de la mano, pero siempre hay camino que recorrer, el mismo pájaro multicolor que vio justo después de su despertar pasa veloz y se pierde entre la arboleda, ansía esas alas de color para remontarse y alcanzar esas sombras. El paisaje ya es muy diferente a cuando partió, ya no hay helechos azules ni humedad, se encuentra en un desierto gris y un calor asfixiante empieza a incomodarlo, todo está extrañamente concentrado como si estuviera a punto de eclosionar, una luminiscencia empieza a cubrir el cielo y el calor se multiplica, observa aliviado un lago a unos doscientos metros, corre hacia él, sus aguas son también grises como plomo líquido, sin embargo su sed extrema necesita saciarse y no duda en agacharse y beber, la encuentra deliciosa, como agua de manantial piensa, y muy fresca, casi helada, está un buen rato bebiendo hasta que su sed desaparece, no hace más que levantarse, cuando aterrado, presencia el cambio, se encuentra en una nada blanquecina, como un folio en blanco a la espera de ser escrito, sus pies desnudos se asientan sobre una esponjosa nada, la visión de los tejos desaparece en lontananza, sin embargo no puede renunciar a ir en su búsqueda, algo extremadamente potente le impulsa a seguir buscándolos, comienza a andar, observa que a cada paso que da, se dibuja una huella, al cabo de un rato se vuelve y ve perfectamente el rastro que ha dejado atrás, unas pequeñas manchas grises en esta blancura insulsa. Quisiera encontrarse con alguien que le diese una explicación ¿racional? a lo que le está ocurriendo, qué mundo es éste, cómo ha llegado él hasta allí, qué fue de su mundo, de su tiempo, de sus familiares y amigos, por qué a él le ocurren estas cosas, un sentimiento de aflicción le recorre cada poro de su piel, una lágrima brota de sus ojos, al caer sobre el blanco tapiz hace un agujero inmenso, tan inmenso que se cuela irremediablemente por él y cae a otro nivel de percepción, pero éste sí que le es conocido, vuelven los helechos azules y en el horizonte, majestuosos ahí siguen los tejos.
3. Mirik
No tarda en percibir otro cambio de paisaje, rocoso es ahora el panorama que percibe, rodeado de montañas y con escasa vegetación, como un paisaje lunar extrañamente improvisado para él, sin embargo a lo ¿lejos? aún siguen los tejos, o eso es lo que le dice su vista. Unas rocas grandes y puntiagudas se encuentran por todos sitios, como atentos centinelas que secundan sus pasos, el calor ha desaparecido, por el contrario su cuerpo desnudo empieza a resentirse por el frío. De repente siente que alguien le sigue, lo percibe con total claridad, incluso puede ver la sombra moviéndose hacia él, pero no da crédito, cuándo vuelve la vista comprueba que es veraz, una de las rocas con forma de menhir le sigue, suspendida a escasos centímetros del suelo arenoso, se queda paralizado, aguardando, cuando llega a su altura se detiene, pasan diez segundos de absurdo reconocimiento mutuo, ya empieza a dudar de su cordura, pero entonces percibe un mensaje de la roca, le llega perfectamente a su mente, como una potente luz del faro de un puerto en una noche sin luna, la roca se identifica como habitante Mirk 13005874. Intenta seguir la comunicación y le envía mentalmente una pregunta que le lleva martirizando desde su despertar ¿Qué mundo es este? La respuesta aún le desconcierta más y le sume en un profundo pesar, este mundo es el tuyo, el planeta azul. ¿Dónde está la gente? ¿Los humanos cómo yo? Cambiaron el poder y dominio por alas, ahora son mensajeros ¿Cuéntame más de este mundo? De tu mundo también, querrás decir... Sí de mi mundo. Verás, no todo es casual, estás aquí por algo que en su momento descubrirás, la Tierra está prácticamente deshabitada en lo que al mundo animal concierne, sólo tendrías que ver las profundidades de nuestros océanos. Como en una gran pantalla proyectada sobre el cielo purpúreo se visiona las profundidades de un océano desolado, una extraña criatura llega a verse al cabo de un rato, un pez cuadrado y plano, de color verdoso fluorescente con dos extrañas aletas, la visión dura unos diez minutos más, y no vuelve a ver a ninguna criatura animal, solo algas y líquenes, de variopinto color fluorescente, le llama la atención la oscuridad de esos fondos, en contraste con las plantas. En este mundo casi todo son minerales y plantas, no es un mundo muerto por el contrario, pero es un mundo extremadamente anciano ¿En qué año estamos? ¿Cuánto tiempo tienes tú? Mejor que no te lo cuente, no podrías procesar racionalmente mi contestación, sólo te digo que este es un mundo cansado, anciano y enfermo, pero con unas ganas tremendas de renacer. ¿Y los tejos? Ellos son los amos del mundo, los veneramos como auténticas reliquias del pasado, representan el poder vegetal triunfante, sé que es lo único que te resulta familiar y a ellos debes llegar, ellos te aguardan. Sí pero ¿cómo? Caminando lógicamente, no hay secretos en eso. Es precisamente lo que hago, pero nunca se acercan. Cuestión de percepción, la tuya es de tu tiempo, aquí todo es diferente, sólo te digo que cada vez estás más cerca de ellos, sigue tu camino. La roca se desploma y queda encallada en la tierra arenosa, ya es el objeto inanimado más familiar para él, intenta entablar otra vez conversación, suplicándole que no le abandone, que le acompañe en su camino, pero no obtiene contestación alguna, se encuentra solo otra vez, pero no se acaba de acostumbrar a ese sentimiento de soledad que añora la compañía de una roca, esto es de locos, piensa humanamente.
4. Mensajero alado
El paisaje vuelve a cambiar extrañamente, ahora se encuentra en una llanura arcillosa, en el que a veces hunde sus tobillos, árboles triangulares de hojas rojas aparecen como sustitutos de las rocas, las lejanas montañas den rededor también parecen estar compuestas por el mismo material de arcilla sobre el que se sustentan sus pies desnudos, el frío que ha dejado su cuerpo entumecido y con un ligero tono amoratado, cesa y percibe un clima templado y agradable, el cielo parece lo único inmutable aquí, en su tono purpúreo, quizás haya adquirido un matiz ligeramente más claro, libre ya desde hace un buen rato de esa luminiscencia incómoda. No deja de perder de vista ese bosque que se dibuja frente a él. En todo este tiempo apenas es consciente de su desnudez, no siente ningún tipo de pudor, ni siquiera se plantea el cubrirse con nada, se siente a gusto en ella, fundiéndose con el silencio y las sensaciones que le transmite alguien o algo, que lo llenan de paz y le animan a seguir caminando. Vuelve a ver al ave ¿será la misma? Se pregunta, pero esta vez no pasa de largo, se detiene nuevamente junto a él. Sí soy el mismo, me llamo Mijail y soy el encargado de transmitir los mensajes en este sector de planeta. Se acuerda de lo que le dijo Mirk y trata de confirmar él mismo sus palabras ¿Eres humano? Tanto como tú ¿Qué ocurrió? No tengo tanto tiempo como crees para contarte eso, pero todo desencadenó en esto, quisimos pasar de la ficción a algo más tangible como es el vuelo, siempre quisimos volar, pero nunca nos dejaron, tardamos en darnos cuenta una eternidad de que el dominio y su acompañante fiel, el poder, eran incompatibles con aquello que por entonces flotaba en las alturas, los sueños, tardamos mucho, demasiado, para llegar a la conclusión de que para alcanzar esos sueños había que ir a buscarlos y el único modo era volando. ¿Pero cómo evolucionó todo para llegar a ese cambio tan radical? Bueno cuestión de experimentación genética y a partir de ahí evolución gradual en el tiempo, digamos que mis antepasados, descendientes futuros tuyos, dieron el primer empujón, lo demás fue evolución natural. ¿Por qué este mundo es mudo? El lenguaje tal como tú lo entiendes desapareció como tantas otras cosas, nadie lo cuidaba y las generaciones que iban llegando fueron olvidándolo lentamente, pero sin vuelta atrás, entonces se experimentó con la telepatía y hasta ahora ¿Qué triste? La tristeza ha ido curtiendo a este mundo desde sus inicios ¿Pero en qué año estamos? No lo quieras saber ¿Qué es lo que me dijiste nada más despertar? Eso creo que lo sabes, si no, no estarías yendo hacia dónde vas ¿Ellos te mandan? Ellos son mis amos ¿Qué edad tienen? No lo quieras saber. ¿Y tú? Yo no te lo ocultaré, treinta y nueve años ¿Qué esperanza de vida hay para vosotros? Suele llegar a los cincuenta años ¿Cuándo llegaré a mi destino? Cuándo pases una noche entera en este mundo, tu mundo ¿Luego podré regresar a mi tiempo? Eso será decisión tuya, serás libre pare decidir, adiós amigo tengo que partir, mis mensajes me reclaman. Una última pregunta ¿Qué me dijiste nada más despertar? Los mensajes se revelan una sola vez amigo, de todas formas estás haciendo lo que debes ¿Qué es lo que debo? Andar. Alza el vuelo y las frágiles antenas parecen desprenderse de sus plumas por el impulso. Anhelante cada vez más por alcanzar su bosque, continúa caminando, ahora mira con mucha más frecuencia el cielo, buscando la oscuridad de la noche y aguardando los secretos que habitan en ella.
5. La Dama de la Cueva
Llega la noche acompañada de una monumental tormenta, llueve a mares y se tiene que refugiar en una cueva, el paisaje ha ido cambiando conforme llegaban las tinieblas, la arcilla dejó paso otra vez a la piedra, todo aquí es árido y desolador. En la cueva no está solo, alguien le habla, una voz de mujer le ha llamado por su nombre, algo que casi había olvidado, ella no utiliza la telepatía, le reconforta saber que lo que le dijo el ave parece no ser de todo cierto, el habla, el lenguaje no se ha extinguido. La busca pero sólo ve unos ojos brillantes y hermosos en la oscuridad, centro de una cabeza cubierta por una capucha, lo mismo que el cuerpo lo está por una túnica oscura, apenas imperceptible por la propia oscuridad de la cueva. Conoce esos ojos, es más, sabe que guarda con ellos una relación de afectividad, no sabe precisar bien, pero los conoce, ama a esa mujer, ella le tranquiliza y le dice que se relaje y que no intente avanzar hacia ella, pues sería en vano, le dice que no es real, que no es de este tiempo, que es coetánea suya y que tiene que pasar una prueba importante para la que ha sido enviada, le pregunta por su nombre, le dice que lo sabrá al alba, que espere, algo le arde muy adentro, es un sentimiento de amor baldío que le llega desde un rincón oculto de su cerebro, pero que su corazón se niega a aceptar ¿Cómo puede ser racional el amor? Le dice que tiene que intentar calmarse, que se tumbe, espera encontrar hostil el piso, pero para su sorpresa lo que pensaba dura roca tiene la textura de blando césped, se estira y se relaja. Ella le habla de él, de esos años, de ese tiempo de ambos en que todo era tan diferente, él lo revive todo, su vida pasa por delante, su infancia, sus padres, hermanos, su pubertad, su juventud, sus primeras novias, ella, ella, ella, sus ojos, su primer trabajo, sus estudios, sus amigos, su mundo, sus excursiones, sus árboles, sus setas, sus setas, sus setas, sus setas, ahora recuerda, estaba con sus amigos en esa ruta senderista, en ese bosque encantado, maravillado por todo, por esa vegetación portentosa, por esa humedad llena de vida, por esos hongos que encontraron, ahora comprende, era un sabor agradable, un sabor a tierra, a raíces, levemente dulce.
Se despierta entre sudores, en la cueva ya ha amanecido, la busca, pero ya no está, lo que daría por volver a verla, por llenarse de esa mirada vegetal, y embrujarse de nuevo, sale de la cueva y alza la vista sobre el cielo purpúreo del alba, unas nubes verdes trazan un nombre. Ya sabe quién es, siempre lo supo, siente la garganta cargada de congoja, su latido se acelera, debe controlarse, aún le queda la última y más deseada etapa de su viaje, el encuentro con los tejos.
6. El Guardián del Tiempo
La mañana es fría pero agradable, ya ha conseguido dominar sus emociones, desbocadas desde la entrada en la cueva la noche anterior, estaba escrito que debía diluviar, que debía refugiarse en esa cueva, aún sigue recreándose en esos ojos, pero sabe que debe concentrar la atención en lo que ahora sí ve acercarse. Ya puede ver los primeros árboles, está andando sobre un prado, sí un prado “real” para él, aquí no hay helechos azules, la hierba es verde y el rocío la cubre, ese rocío también es “real”, llega a la altura del primer árbol, intenta tocarlo, abrazarlo, pero abraza la nada, es como un árbol fantasma, inútil al tacto, sigue andando, ya está rodeado de tejos imponentes, pero ninguno puede asir, se tiene que conformar con verlos bellos, robustos, solemnes, se siente ebrio de dicha, rodeado de tanta belleza, las sombras ya lo cubren por completo, apenas percibe por donde anda, se desorienta. Pero no tarda en tropezar con un árbol que sí es tangible, el golpe lo deja momentáneamente inconsciente, pero pronto se recupera y abandona el extraño desdén que le produce el no poder tocar los árboles, acaricia su corteza nudosa, arrugada, llena de siglos y siglos, quién puede saberlo, este tótem debe ser antiquísimo. Su tronco es inalcanzable para sus brazos, aún así intenta abrazarlo hasta donde llegan, todavía no ha levantado sus ojos a la copa, cuando lo hace, la visión casi lo enloquece, no ve final, la copa se extiende hacia lo alto en una sucesión interminable de ramas y hojas, como una infinita enredadera hacia al cielo, una grandeza sin colofón que lo deja postrado a sus pies. Entonces entabla comunicación con él, le asegura que sólo llegan allí los seres sensibles con la naturaleza, que por eso fue elegido, que puede volver a su tiempo si quiere, pero que también puede quedarse y formar parte de su bosque, de la única reserva que queda en este mundo, de árboles ancianos, venerada por todos los habitantes de la Tierra. ¿Por qué no he podido tocar los otros árboles? No eres de este tiempo, ellos tampoco lo eran, pero decidieron quedarse, tú puedes hacer lo mismo. Entonces se vuelve a acordar de esos ojos, de esa mirada reconfortante. Muchas gracias, aunque seguro que volveré, ya sé como hacerlo, pero por el momento alguien me espera en mi tiempo. Cómo quieras, aquí siempre serás bienvenido, puedes marchar si quieres, sé que quien te espera es muy especial para ti, corre hacia ella...
7. Tomando provisiones
Los demás aún siguen durmiendo, debe ser ya bastante tarde y deben regresar al pueblo, les esperan cinco horas de camino aún. Inicia un pequeño paseo para despejarse, hace un día maravilloso, de sol y viento helado, el cielo está despejado en un azul imponente, a unos cientos de metros, encuentra unas cuantas más, las mete en la bolsa antes de disponerse a despertar a los otros.
23 Abril 2007
¡Gentuza!
Andrés 23, abr , sin comentarios
Hay cajas opacas que suelen ser muy insinuantes en su envoltura; dignas de alabanza en sus vivos colores; en sus formas, algunas esféricas, otras rectangulares, más clásicas; en sus complementos, las hay con pequeños diamantitos, revestidas de oro, con piedras preciosas y exóticas, configurando una coraza ejemplar; también las hay de tamaños distintos, aunque luego siempre acaban siendo sólo de uno, eso es un misterio, aún no han inventado cajas para dos, será que no tienen venta. En fin, hay cajas opacas preparadas para acoger en su interior a muchos afortunados, lo que pasa adentro ya no lo podremos saber, sólo los dueños darán fe de esa experiencia, aunque luego está el pequeño problema de que nadie ha salido aún de esas cajas, debe de ser porque se está muy bien en ellas, a pesar de los pájaros de mal agüero que insisten en despotricar sobre las cajas. El otro día me encontré con uno de ellos y me dio el día, creo que hasta ahora me dura la depresión, qué sabrán esos amargados, pues no me dice que han descubierto que exhalan un olor a muerte, que impiden poder ver el cielo ¡Pero si las hay transparentes por dentro! Y que te reducen el mundo del conocimiento y de la experimentación ¡Pues que se las compren más grandes! Y no me sigue contando que pueden condenarte al exterminio como ente soñador que arrastra sus horas en falso confort, y que a que no me imagino el porqué las venden individuales, a lo que yo le contesto que me siga iluminando con sus excéntricas teorías y me responde con algo que aún me duele, que ha despertado en mí un miedo feroz y una inquietud sin límite, me dice que la razón de que sean individuales no es por la mala venta de las que no lo fueran, no, la razón es que si las vendieran de dos o de tres, o de más, podría haber comunicación y todo lo que conllevaría esa interrelación sería el fin de las cajas opacas, no pude continuar hablando con ese chiflado, después de insultarlo a conciencia me fui al centro comercial a ver si me compraba por fin la que tenía en mente desde hace meses, por fin había ahorrado algo de dinero, allí estaba reluciente en el escaparate, entré, la admiré, la llevé al mostrador, saqué el dinero, miré a los ojos monótonos del tendero... y entonces me acordé del chiflado con el que había hablado media hora antes y despidiéndome del tedioso hombre, dejé la caja sobre la mesa y salí de la tienda con un sentimiento de odio y repulsa que aún me dura, creo que voy a formar un comando anti-chiflados, acaso no se dan cuenta de que no se puede ir contra las ilusiones de la gente y que sin ellas esta vida no tiene sentido ¡Gentuza! 
28 Febrero 2007
Los Tambores de Arria
Andrés 28, feb , sin comentarios

El resonar de siempre se extiende desde la profundidad indefinida del bosque otra noche más, ninguna sorpresa para los habitantes de la aldea de Arria, aunque esta calma se va a ver perturbada por gente de todos lados, con cámaras de televisión, micrófonos, entrevistas, fotos, flashes.
Fue por aquel muchacho que llegó hace un mes y pasó la noche allí, y claro, oyó los tambores, lo primero que creyó fue en una procesión católica, aunque la frecuencia del sonido no se correspondía, era algo más parecido a una ceremonia tribal, revestida de una gran solemnidad. Al día siguiente sólo encontró silencio a sus preguntas, aún así no le dio mayor importancia, pero tuvo que quedarse otra noche más, debido a una gran tormenta, y en la lejanía, solapados por los estruendos del trueno y la letanía de la lluvia, los volvió a escuchar.
Cuando hubo escampado, a primera hora de la mañana, partió, pero ya había decidido cambiar de rumbo.
Alguien había investigado su rastro desaparecido y lo había llevado a esa pequeña y taciturna aldea, llena de frío y musgo. El poder mediático se había hecho eco y había echado sus redes. Aún así el resultado no fue el esperado, solo mutismo y continuas negativas. El muchacho había pasado por allí, hasta ahí todo estaba claro, del resto nadie hablaba aunque todos sabían en la aldea. El silencio se extendió más allá de los primeros árboles, no hubieron tambores en la noche, el bosque estuvo callado siete noches, el tiempo que tardó en dejar de ser noticia la desaparición de aquel muchacho tan curioso.
Todo perfecto... el bosque seguía creciendo.
sin comentarios Andrés En: Cuentos compártelo Tags: cuentos
5 Febrero 2007
Oneios
Andrés 5, feb , sin comentarios

Pocos eran los que lo habían oído, pero el rumor se fue extendiendo como la pólvora por el pueblo de *Oneios. Era una región oscura, situada en el espesor del bosque de *Belo, oculta a los peregrinos que buscaban penitencia, a los asaltadores y a los comerciantes de pócimas mágicas, casi nadie sabía de la existencia del pueblo, pero aún menos del secreto que guardaban sus noches.
Todo empezó cuando se perdió aquel niño, lo encontraron en el río, el caudaloso río *Urio, estuvo enfermo durante dos largas semanas, a punto estuvo de morir congelado, pues las temperaturas en aquella región eran extremas en los meses de Invierno, cuando al fin se recuperó gracias a ungüentos y caldos calientes, nadie podía creer lo que contaba.
*Jou era un chico corriente, uno más de los poquitos que quedaban en Oneios, cuya población envejecía con el pasar de los años, pues muchos jóvenes habían marchado al confort de la urbe más cercana, Barriak, conocida por sus hermosas telas.
En todo el tiempo que estuvo convaleciente, el chico no articuló palabra, parecía víctima de una maldición que lo habría silenciado para el resto de sus días, ya daban por hecho el fatal desenlace, cuando al segundo día después de abandonar su lecho de ramas y hojas habló.
La historia de Jou ha pasado de generación en generación, hoy aún se puede encontrar su huella profunda en el quehacer cotidiano de las gentes, hay ritos en honor al muchacho, conservan su busto en todas las casas, le rezan y se encomiendan a él en las noches sin luna alrededor del río Urio. Lo han consagrado como su dios de la noche y aún anhelan encontrar en el río al anciano con barba blanca y con una corona de juncos en la frente, pero tras más de dos mil años de espera sigue sin aparecerse.
Esta historia, como tantas otras, me la contaron hace mucho tiempo, nunca he buscado a Oneios porque no es un espacio físico, es un estado vital, mejor dicho, es un estado vital pasivo. Oneios es el sueño, uno de los nombres de *Morfeo, es el estado mental correspondiente a la infancia, al dulce y cálido sueño que nos ampara de los horrores del mundo, hoy muchos aún siguen en Oneios buscando a su anciano, sin ni siquiera apreciar el río, escuchar su murmullo, acariciar sus aguas.
NOTA: Referencias Mitológicas
25 Mayo 2006
Los caminantes
Andrés 25, may , 1 comentario

Dicen en el pueblo que anda como loco, persiguiendo un rastro, un recuerdo, una sombra entre la espesura del bosque y que sólo a veces se deja ver, huidizo y esquivo ante cualquier gesto de acercamiento. Me interesé y pregunté a los lugareños, estaba claro que debía de haber una historia ante ese extraño comportamiento:
Vivía en lo alto del monte con un anciano ermitaño, una vez al mes aproximadamente solían bajar al pueblo, se los veía pasar sin más y se perdían de nuevo entre la arboleda. Aparecían y desaparecían cual espectros, siempre los vieron juntos, sin duda se hacían compañía en la soledad de las alturas. Una noche encontraron al anciano sin vida a orillas del río, su amigo los puso en alerta, pero cuando llegaron ya nada pudieron hacer. Unos familiares que vivían en la ciudad reclamaron el cuerpo y allí le dieron sepultura. Desde entonces una vez al mes aproximadamente, ven pasear su famélica figura entre ladridos desesperados, olfateándolo todo, sin rumbo ni guía, esperando quizás encontrarlo a orillas del río.
9 Mayo 2006
Proyecciones (VII): El mundo de los cien pensadores
Andrés 9, may , 2 comentarios

Era noche apacible en las llanuras de los pensantes, las colinas lejanas se dibujaban en el horizonte con tramos difusos, apenas iluminadas por sus tres lunas, la fría temperatura alimentaba los buenos auspicios y la paz inundaba el entorno. Los ancianos permanecían observando el firmamento, comunicándose con la estrella elegida, sabían que de su contacto mental con ella dependía en gran parte el futuro del pueblo hermano. La luz avanzaba, pero nada ni nadie podría inmiscuirse entre ellos. El gran viaje se estaba preparando, aunque jamás abandonarían su mundo, uno de los últimos reductos de la noche, impenetrable para toda intrusión por un manto protector de energía, tejida por sus portentosas mentes. 
Habían aprendido a usar el cien por cien de sus cerebros , y sus dos mil años de vida la habían consagrado a la meditación y a ayudar a los pueblos necesitados, pronto mutarían nuevamente la piel, un nuevo ciclo vital estaba a punto de llegar, pero antes tenían una importante misión, hacer de puente transmisor entre dos mundos. La guerra acabaría, pero ganara quien ganara ellos seguirían existiendo hasta el fin de los tiempos, así estaba escrito.
2 Mayo 2006
En lo más profundo
Andrés 2, may , 4 comentarios

Había un secreto en lo más profundo del bosque, sólo algunos osaban internarse en él. Una creencia arraigada, como lo son todos los miedos. A los caminantes se les prevenía, por lo que tenían que hacer un rodeo para llegar al pueblo más próximo, a los niños se les prohibía sin más, pero ya se sabe que lo prohibido atrae... Yo desobedecí, me interné en la oscuridad y ahora ya adulto, nadie me cree lo que cuento, me tachan de loco, de haber sucumbido al encantamiento del bosque y aunque quizás esto sí que tiene mucho de cierto, os puedo decir que conservo el grado de locura común entre los comunes, sin exceso alguno.
El camino era una invitación a ser recorrido, la humedad de la tierra me generaba una fresca excitación, me encontraba rodeado de musgo, hojas, sombras y multitud de hayas, el cielo apenas se intuía. No puedo decir cuando fue, en que momento escuché la melodía que tiraba de mí como nunca lo ha hecho ni seguramente lo haga ninguna droga, sólo sé que se me agudizaron todos los sentidos, la percepción fue cien veces mayor... el sonido de mis pasos sobre la hojarasca, un sutil viento allá arriba agitando las ramas más altas, el ocasional canto del pájaro que celebra mi llegada, el tacto de mis manos y mis brazos alrededor de la vieja corteza, el aroma añejo de tierra mojada, las pisadas de algún animal al acecho, el correr de un río no muy lejano el cual, casi puedo visionar incluso sentir sus aguas heladas. Noto que mis brazos y mis piernas se vuelven ligeros y van adquiriendo un verdusco tono, siento que de mi cabeza brota algo hacia el cielo y de repente mis pies se plantan sobre la tierra, enraizados en ella. Entonces lo veo frente a mí, es un árbol portentoso, antiquísimo, me parece que estoy frente al árbol más viejo del mundo, su belleza es tal que me estremezco...
A mí me enseñaron que los árboles no hablaban, también aprendí a partir de esta experiencia que no todo lo que te enseñan es cierto y que tus vivencias te pueden enseñar más que mil sermones o cien libros. El caso es que me habló y nunca escuché una voz así... el sólo recuerdo me emociona, parecía la misma voz de la tierra, del agua, del fuego, del aire, de todos los elementos reunidos en ese portento vegetal, en ese reverenciado anciano. Se presentó y me dijo: Hola humano, soy la Vida y me encuentro sola, me siento cada vez más alejada de vosotros y no quiero perderos, nadie viene a visitarme, tú has seguido el dictado de tu corazón y has llegado hasta mí, a muchos les causa temor atravesar este bosque y nunca llegan a conocerme, se forman falsas creencias y supersticiones y me dejan de lado, quizás estén muy ocupados, el caso es que os echo de menos, no te voy a pedir que propagues el mensaje, no me gustan las prédicas, pero sí que lo tengas presente mientras yo te acompañe el resto de tus días.
Jamás abandoné mi pueblo y aunque mis inquietudes viajeras me mantengan mucho tiempo lejos de él, no dejo de frecuentar ese bosque, al que conozco como la palma de mi mano.
Muchos creen tener la llave de la felicidad sin conocer siquiera la cerradura que hay que utilizar para abrir la puerta, a mí aquel anciano me enseñó que no hace falta llave, ni cerradura, ni puerta, que basta con reconocer tu latido y darle forma de árbol.
PD: En la mitología árabe el Árbol simboliza la Vida
